LA NOCHE DEL CANGURO
Éramos chicos, usábamos
piyamas 3D; comenzando
el verano nos
acorralábamos con palitos chinos
alrededor de una plantación
alrededor de una plantación
de remolachas, junto a
dos ponis
deformados por la perspectiva.
Qué esperábamos, la noche
deformados por la perspectiva.
Qué esperábamos, la noche
del canguro, sino
escapar chillando
escaleras abajo, y
gritar más fuerte al perder la linterna? Literalmente, éramos
chicos; nuestra
pigmentación fue
siempre "la
catástrofe dérmica"
alrededor de la cual se organizaron, durante
alrededor de la cual se organizaron, durante
años, el talento
dramatúrgico
de las madres y las
hipótesis digestivas. Ahora
hay
unas promociones en la crepería que incluyen tu nombre
escrito en láser, y
una miniatura
de esos encuentros
navideños, en una edición
comentada con mensajes
de texto.
DOS GORDOS EN APUROS
Empantanados, con los inspectores
fiscales bailándoles alrededor y perdiendo
popularidad entre los vecinos desde el
"tortugagate", mis padres
se plantearon la posibilidad de una tragedia
sobre la cría de asnos y la carpintería.
En el ático, me gustaba pintar
a esos dos tecnócratas en el amanecer
de algún parque acuático, flotando
como un par de islas blancas y desconocidas. Pero
cada día los oía jadear en mi cuenta bancaria, asfixiando
mis pretensiones sindicales.
Escondidos detrás de nuestras herramientas
de bricolage, mi mujer
y yo, cavamos
cada vez más profundo. Cada uno
ha aplicado semanalmente una terapia experimental
sobre el otro, interrumpidos sólo por los sonidos
de un éxito deportivo en la distancia.
Empantanados, con los inspectores
fiscales bailándoles alrededor y perdiendo
popularidad entre los vecinos desde el
"tortugagate", mis padres
se plantearon la posibilidad de una tragedia
sobre la cría de asnos y la carpintería.
En el ático, me gustaba pintar
a esos dos tecnócratas en el amanecer
de algún parque acuático, flotando
como un par de islas blancas y desconocidas. Pero
cada día los oía jadear en mi cuenta bancaria, asfixiando
mis pretensiones sindicales.
Escondidos detrás de nuestras herramientas
de bricolage, mi mujer
y yo, cavamos
cada vez más profundo. Cada uno
ha aplicado semanalmente una terapia experimental
sobre el otro, interrumpidos sólo por los sonidos
de un éxito deportivo en la distancia.
Aníbal
Cristobo nació en Buenos Aires el 1 de septiembre de 1971. Entre 1996 y 2001
vivió en Río de Janeiro, donde publicó Teste
da Iguana (Ed. Sette Letras, 1997) y jet-lag
(Ed. Moby Dick, 2002). En 2002 publicó, con el subsidio de la Fundación
Antorchas, krill (Ed. Tsé-Tsé).
Actualmente reside en Barcelona. En 2005 publicó Miniaturas Kinéticas (Ed. Cosac&Naify, São Paulo), libro que
reúne su obra poética editada hasta ese momento. Posteriormente, en 2012,
publicó Krakatoa (Zindo &
Gafuri). Desde el 2012 dirige la editora de poesía Kriller71
(www.kriller71ediciones.com).
